Murcia ha acogido, con la hospitalidad que le caracteriza, el XXXV Congreso Nacional de Medicina Interna en estos últimos días.

 

Foto de J.S. Benet tomada en Cienfuegos, Cuba

Bahía de Cienfuegos, Cuba. Jordi S. Benet

Han sido unas jornadas científicas entrañables, en las que internistas de toda España han encontrado, conocido, compartido, dibujado, discutido, susurrado y soñado el presente y el futuro de la Medicina Interna española.

La Medicina Interna está viviendo un importante cambio durante estos últimos años. Más allá de los avances científicos y de los movimientos en la gestión del paciente hospitalizado, el giro en la especialización con la llegada de la troncalidad devuelve a la Medicina Interna un protagonismo del que había sido relegada. Desde la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) lo que se espera de sus allegados es que sean partícipes y que vivan con ilusión la ventana de oportunidad que se les presenta. La versatilidad del especialista en Medicina Interna le convierte, intrínsecamente, en una pieza clave del motor de este cambio. Es el propio especialista el que debe posicionarse con firmeza y seguridad ante lo que le toca vivir, con ilusión por recuperar ese protagonismo que se había perdido, con agradecimiento por la confianza de la que vuelve a ser merecedor y con la responsabilidad que necesitan los garantes de este giro.

Y me vienen, a colación, Los Consejos de Esculapio como epicrisis del Congreso. Esculapio, el nombre romano del dios griego Asclepio, fue un médico nacido en el año I antes de nuestra era, creía que el movimiento de los átomos en el cuerpo era causa de enfermedades y propugnaba baños, dieta, ejercicio y masajes como curación.

Si donde Esculapio decía médico se lee internista, este escrito refleja, en toda su amplitud, la esencia de esta preciosa especialidad.

Los Consejos de Esculapio

¿Quieres ser médico, hijo mío? Aspiración es esta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia. Deseas que los hombres te tengan por un dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos el temor.

Pero ¿has pensado en lo que va a ser tu vida?

Tendrás que renunciar a la vida privada.

Mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos, tu puerta estará siempre abierta a todos. A toda hora del día y de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus aficiones, tu meditación; ya no tendrás horas que dedicar a tu familia, a la amistad, al estudio. Ya no te pertenecerás.

Los pobres, acostumbrados a padecer, te llamarán sólo en caso de urgencia. Pero los ricos te tratarán como un esclavo encargado de remediar sus excesos: sea porque tienen una indigestión o porque se han resfriado, harán que te despierten a toda prisa tan pronto como sientan la menor molestia. Habrás de mostrarte muy interesado por los detalles más vulgares de su existencia; habrás de decirles si han de comer ternera o pechuga de pollo, si les conviene andar de este modo o del otro cuando salen a pasear. No podrás ir al teatro ni ponerte enfermo: tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto como te llame tu amo.

¿Eras severo en la elección de tus amigos?

Buscabas el trato de hombres de talento, de almas delicadas, de ingeniosos conversadores. En adelante, no podrás desechar a los pesados, a los cortos de inteligencia, a los altaneros, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el hombre honrado. Prolongarás vidas nefastas y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir o denunciar acciones indignas de las que serás testigo.

¿Crees firmemente que con el trabajo honrado y el estudio atento podrás conquistarte una reputación?

Ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las chácharas y a los gustos de tus clientes. Los habrá que desconfíen de ti si no gastas barba, otros si no vienes de Asia, otros si crees en los dioses, otros si no crees en ellos.

¿Te gusta la sencillez?

Tendrás que adoptar la actitud de un augur.

¿Eres activo, sabes lo que vale el tiempo?

No podrás manifestar fastidio ni impaciencia. Tendrás que escuchar relatos que arrancan del principio de los tiempos cuando uno quiere explicarte la historia de su estreñimiento. Los ociosos vendrán a verte por el simple placer de charlar; serás el vertedero de sus nimias vanidades.

Aunque la Medicina es ciencia oscura, que, gracias a los esfuerzos de sus fieles, se va iluminando poco a poco, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder tu crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees, para curarla, un remedio que no falla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira que necesita.

No cuentes con el agradecimiento de tus enfermos. Cuando sanan, la curación se debe a su robustez; si mueren, tú eres quien los ha matado. Mientras están en peligro, te tratan como a un dios: te suplican, te prometen, te colman de halagos. Apenas empiezan a convalecer, ya les estorbas. Cuando les hablas de pagar los cuidados que les has prodigado, se enfadan y te denigran. Cuanto más egoístas son los hombres, más solicitud exigen.

No cuentes con que este oficio tan duro te haga rico. Te lo aseguro, es un sacerdocio, y no sería decente que te produjera ganancias como las que saca un aceitero o el que se dedica a la política.

Te compadezco si te atrae lo que es hermoso. Verás lo más feo y repugnante que hay en la especie humana. Todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las cortesanas; tendrás que palpar tumores, curar llagas verdes de pus, contemplar orines, escudriñar los esputos, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios.

Cuántas veces, en un día hermoso y soleado, al salir de un banquete o de una representación de Sófocles, te llamarán para que vayas a ver a un hombre que, molestado por dolores de vientre, te presentará un bacín nauseabundo, diciéndote satisfecho: «Gracias a que he tenido la precaución de no tirarlo». Recuerda entonces que has de agradecerlo y mostrar todo tu interés por aquella deyección.

Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás por la mañana, desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores, olvidando por los muebles parte de sus atractivos. Dejarán de ser diosas para convertirse en seres afligidos de miserias sin gracia. Sólo sentirás por ellas compasión.

El mundo te parecerá un vasto hospital, una asamblea de individuos que se quejan. Tu vida transcurrirá a la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y las almas, viendo unas veces el duelo de quien es destrozado por la pérdida de su padre, y otras la hipocresía que, a la cabecera del agonizante, hace cálculos sobre la herencia.

Cuando a costa de muchos esfuerzos hayas prolongado la existencia de algunos ancianos o de niños débiles y deformes, vendrá una guerra que destruirá lo más sano que hay en la ciudad. Entonces te encargarán que separes los menos dotados de los más robustos, para salvar a los enclenques y enviar a los fuertes a la muerte.

Piénsalo bien mientras estás a tiempo.

Pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres, a la ingratitud, si, sabiendo que te verás muchas veces solo entre fieras humanas, tienes el alma lo bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido, si te juzgas suficientemente pagado con la dicha de una madre que acaba de dar a luz, con una cara que sonríe porque el dolor se ha aliviado, con la paz de un moribundo a quien acompañas hasta el final, si ansías conocer al hombre y penetrar en la trágica grandeza de su destino, entonces, hazte médico, hijo mío.

 

La Medicina Interna es la especialidad del clínico que está en contacto directo con el paciente, es la especialidad del adulto, es la que ofrece la visión global de la persona enferma, con garantías científicas y con el peso de la experiencia. Si Esculapio viviera en nuestros días, la Medicina Interna hubiera sido su elección.

Mi maleta de vuelta está repleta de ilusionantes ideas para seguir compartiendo. Y desde la Sociedad Científica, de la formo parte con orgullo, solo deseo que se la haga visible.

Todos #somoslaSEMI

 

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¿Por qué este audio?

She, de Elvis Costello, pone música y poesía a lo que siento con mi especialidad.

Ella puede ser la bella o la bestia, puede ser la necesidad o la abundancia, puede convertir cada día en un cielo o en un infierno.

Ella puede ser el espejo de mis sueños. Ella puede ser la razón por la que estoy viva, a la que cuidaré en la dureza de los años. Tomaré sus risas y sus lágrimas y las convertiré en mis recuerdos. Por donde ella vaya, allí tengo que estar.

Ella es el significado de mi vida.

 

Esta información está proporcionada por medicointernista.es y no es su intención reemplazar el consejo del médico o del profesional de la salud. Por favor, consulte a su médico sobre cualquier condición médica específica. Última modificación: 22 de noviembre de 2014 a las 12:43 h. 

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